Golpe de mar en Zarautz

golpe de mar en zarautz

Ayer el mar golpeó duro en Zarautz, por la mañana las olas llegaron al malecón y movieron las mesas y sillas de las terrazas, pero el golpe de la noche fue brutal, tras horas de búsqueda por la mañana encontraron flotando en ese mar furioso un bebe, una niña de dieciocho meses.
La muerte de un niño siempre nos golpea, es algo antinatural. El golpe de hoy ha sido más terrible porque es una muerte que no debió ocurrir, que no debimos consentir. La niña, no sabemos porqué, estaba con su padre, el mismo que ya la había secuestrado hace tres meses, estaba con él en una chabola, en el porche de una cantina en desuso y tapiada, y no sabemos desde cuando vivía allí con su padre, ni como había acabado allí, pero podemos imaginar en qué condiciones, y sabemos cuál ha sido su trágico final.
Ante algo así que podemos decir, que hemos fallado una vez más como sociedad que se pretende avanzada que debiera dar una protección especial a los más débiles. Claro, no todas las responsabilidades son iguales, son los primeros responsables, quizás responsables penales, sus padres que la trajeron al mundo y no supieron o quisieron cuidar de ella o algo peor, pero también son responsables las instituciones públicas que establecen protocolos, mecanismos de seguridad que después no funcionan, no se aplican a tiempo o tienen lagunas y que en este caso no han rescatado a una niña de una madre y un padre que ya demostraron hace tres meses que no merecían esa condición.
Y por último también somos un poco responsables todos y todas, porque formamos una sociedad que no es capaz aún de evitar que cerca de nosotros se vivan terribles situaciones de desamparo como la de esta niña, porque algunos se fijaran mas en si el padre es magrebí y la madre rumana como si eso fuera una explicación, porque cada vez nos sentimos menos responsables de lo que le sucede al prójimo, al vecino.
Recordaremos con tristeza este día y no podremos evitar que cuando contemplamos este mar de Zarautz nos parezca un poco menos hermoso.
Ubaldo Ortiz
Zarautz, 7 de octubre de 2010